lunes, 27 de mayo de 2013

13. Simulación democrática y democracia directa




        Los humanos han logrado altas cotas de progreso científico y tecnológico, pero eso no basta para que sus sistemas de gobierno y organización social sean una mierda. Los gobernantes nos dicen: “Esto está bien y esto está mal, esto está prohibido y esto permitido”, mientras someten a los ciudadanos a su conveniencia y viven de los impuestos que les hacen pagar, para posicionarse como una clase parasitaria que, estando encargada de manejar los hilos del poder, se benefician siempre que pueden, no paran de subirse los sueldos, dietas y otros beneficios, y cuando, por contra (aquí me la sopla la RAE), establecen para los trabajadores sueldos mínimos de miseria. Eso, como ya dije en otra ocasión, es la democracia de hoy. Los políticos entre ellos se protegen y rara vez acaban en la cárcel, muy distinto de los ciudadanos que someten si los pillan en cualquier ilegalidad. Así es el engaño que se tragan día a día los humanos, que más parecen los borregos de un inmenso rebaño. Los de arriba están para vivir a costa de los de abajo, así ha sido siempre con cualquier régimen político, incluidos los de izquierdas, si no vean cómo vive el retrasado mental de Kim Jong-un (con su país en propiedad), la multimillonaria nieta de Mao Zedong (antes conocido como Mao Tse-Tung) en China, o la nueva oligarquía chavista en Venezuela; además los dirigentes radicales de izquierdas, a imitación de las derechas más perseverantes, anteponen una supuesta igualdad para acabar con toda libertad, y sin Libertad no existe la Justicia. Es necesario, por tanto, buscar nuevas formas de gobierno para lograr un mundo más libre y a la vez más justo.
        El sistema de partidos políticos, según se demuestra, sólo genera corrupción entre los que viven a costa de las riquezas de sus países y del esfuerzo de los ciudadanos. Para ejercer la “plena democracia”, la “democracia directa”, no es indispensable una intermediación entre los ciudadanos y el gobierno, o sea, esa clase política que supone uno de los peores males de nuestra sociedad. Es por ello que hay prohibir los partidos políticos, la partidocracia, para que los ciudadanos puedan elegir, directamente, a los funcionarios que han de dirigir a las naciones, quedando éstos al escrutinio de la sociedad. ¿Para qué necesitamos ladrones y asesinos que gobiernen el mundo?  Los partidos políticos sólo trabajan para sus propios intereses y para los grupos de poder con los que se relacionan, cuando los ciudadanos, para ellos, no son nada más que un número en las estadísticas, individuos para ser manipulados y para que caminen por la raya que les pintan: a eso lo llaman Ley (hecha a su conveniencia y eludible para ellos, porque el poder está en ellos y no en la sociedad).
       En la democracia directa los ciudadanos eligen entre funcionarios que ya demostraron, en base a resultados anteriores, ser aptos para llevar a cabo la tarea que deben desarrollar, y en caso de corrupción son encarcelados o separados del cargo si su desempeño no alcanza las metas establecidas. Pero para conseguir la democracia directa (no aplicable por ahora para una masa de humanos ignorantes), también es necesario crear un sistema económico mundial que esté al servicio de la sociedad y no para el beneficio de una minoría, y así acabar, para siempre, con la avaricia y con la usura que impera en el mundo por medio de los mecanismos económicos de los actuales sistemas de gobierno: esas dictaduras camufladas de democracia.
        Los posthumanos aportamos ideas novedosas para marcar la guía de lo que será el mundo del futuro, donde las personas vivirán con paz, libertad, justicia e igualdad, y respetando, por supuesto, la nave: este hermoso Planeta Tierra. Pero ya se sabe: la Humanidad debe morder el polvo, llegar a su punto más bajo, a la ruina económica y moral, a la distopía, a su casi exterminio, en eso que se conoce como Apocalipsis, para iniciar un camino distinto al que ya conocemos. Estamos, pues, en el tiempo de espera, para que después de la hecatombe apocalíptica inicie la revolución planetaria posthumana que fundará el nuevo mundo de los 1000 años de paz.


martes, 21 de mayo de 2013

12. Democracias de hoy, dictaduras camufladas




        En esta Época Supermoderna, bajo el influjo del materialismo y la banalidad, todas las democracias y ordenamientos políticos obedecen, por fuerza, a un sistema económico mundial que sólo mira por los intereses de los dueños del dinero. Si la “democracia” es el poder del pueblo, de la sociedad, hoy en día tal definición no es representada por una serie de sistemas políticos que se dicen democráticos, cuando, en realidad, son dictaduras camufladas de democracia.
        A diario vemos cómo los pretendidos gobiernos democráticos recortan o eliminan los presupuestos destinados a programas sociales, suben las tributaciones y reforman las leyes para mermar los derechos de la ciudadanía, y todo en pos del mantenimiento de un orden económico mundial que sólo genera, para su reajuste, los problemas arriba mencionados, además de desigualdad, en un círculo vicioso que sólo beneficia a los dueños del dinero. ¿Cómo es posible que un grupo de especuladores pueda hundir la economía de un país, de una unión político-económica o del mundo entero? Esto es así porque las leyes de la economía mundial no sirven al conjunto de la sociedad, sino al interés de una minoría. Eso no es democracia, es capitalismo salvaje; dos conceptos, en la práctica, antagónicos.
        Los márgenes de maniobra de las naciones para solventar la actual crisis económica son muy limitados y se reducen, casi exclusivamente, a recortar el gasto público y a subir los impuestos, algo que redunda en contra de la sociedad, pues el sistema económico mundial, tal cual está diseñado, no ofrece más alternativas. Para enfocar el problema de forma adecuada es imprescindible reconocer que el actual sistema económico ha fracasado, como representación e instrumento de un capitalismo salvaje totalmente obsoleto. La avaricia, la usura y la especulación, son los valores de ese capitalismo salvaje que se hunde, y las recetas para salir de la crisis son insuficientes porque siguen la inercia del modelo fracasado. Es una vergüenza, para toda la Humanidad, que en las bolsas de valores se juegue, a modo de casino, con el futuro y la dignidad de los seres humanos, dejando la actividad económica al recaudo de los especuladores.
        Ahora muchos jóvenes insatisfechos con la realidad, con un futuro poco prometedor, no toman las calles para buscar una solución real, lo hacen porque no podrán disfrutar de la misma porción de materialismo que tuvieron sus padres, no se manifiestan para erradicar el mal desde su raíz, para promover un cambio necesario en el sistema, sino que lo hacen porque quieren seguir consumiendo bajo la plenitud del capitalismo salvaje. Es la cultura del “tener” que tiene hipnotizada a la sociedad, dejando la cultura del “ser” en el olvido (aquí hago referencia a Herbert Marcuse), y la conciencia colectiva de los alienados por el sistema, que son la gran mayoría, continúa con la mirada puesta en objetivos consumistas, centrados en el “tener”, porque el espejismo de la materia es poderoso.
        Tampoco es válido recuperar los fundamentos socialistas fracasados, pues hay que usar la imaginación para tomar de un lado y del otro lo bueno, imaginación para superar, de una vez por todas, esa inercia nefasta que nos conduce hacia la distopía. La Humanidad ha basado su evolución en el avance de la justicia social, con el progreso en base a unos valores fundamentales como son la igualdad y la libertad, y habiendo dejado atrás los tiempos de las invasiones y la esclavitud como motor de la economía. Es por ello que el fin último de la evolución es el logro de la utopía, algo imposible sin un sistema social totalmente redistributivo.
       Para salir de la actual crisis económica se hace obligado, por tanto, crear un nuevo sistema económico mundial que promueva el beneficio del conjunto de la sociedad y no los intereses de una minoría: los dueños del dinero, los poderosos y una clase política corrupta que da sustento a ese mismo sistema. Para empezar, hay que acabar con la “economía de casino” (cerrando los mercados de valores), crear una moneda única para todas las naciones, poner la banca al servicio de la sociedad a través de un nuevo Banco Mundial que emita la moneda única en base a las reservas internacionales de oro, acabar con la usura y gravar de manera sustancial a las grandes fortunas. No es permisible que las actuales dictaduras, camufladas de democracia, sólo sirvan a los intereses de una minoría. Esto no es democracia, es una farsa.
        Ya queda poco tiempo y nuestro destino será, si no se promueve un cambio efectivo en la economía mundial (lo cual es improbable), el colapso del capitalismo salvaje que dará paso a la distopía total.


lunes, 13 de mayo de 2013

11. Del Soma y otras sustancias enteógenas


  

      Soy ideólogo de la inutilidad frente a una masa gris de humanos, pero admito que he pecado muy a menudo de egocentrismo. El oráculo siempre me señalaba que debería ser más humilde, y ahora que no pretendo demostrar nada, aparte de mi inutilidad, lo mismo consigo seguir tan buen consejo. Lo de saberme diferente y superior a los humanos quizá pueda ser tomado, por ellos, como un acto de soberbia, pero dejaría de ser posthumano si no fuera consciente y no lo proclamara para forzar, también en ellos, esa evolución de conciencia tan necesaria para hacer de este Planeta Tierra un mejor lugar para vivir. De ese tamaño es ahora, de estar equivocado, mi egocentrismo. Pero estoy seguro de la propuesta conceptual sobre el homo concientis o posthumano, porque lo de ser ideólogo de la inutilidad no es cualquier cosa, es como ser profeta de una no-religión destinada a cambiar este mundo. Tan blanco como la leche. Y a los posthumanos del futuro ahora les pido, por favor, que no me mitifiquen por ser el primer posthumano en reconocerse como tal, los hubo antes que yo sin haber sido conscientes de ello. Pero esa toma de conciencia es, precisamente, la fuerza para promover el cambio en la evolución de los humanos hacia un ser superior, pero no, por supuesto, ese superhombre nietzscheano ignorante que no reconoce ni entiende su esencia divina: la ignorancia total sobre la existencia. Los antiguos Arios, que viajaron de las estepas rusas hasta el norte de la India, sí comprendieron el significado y la esencia de Brahma (Alma Universal) a través, según Robert Gordon Wasson (iniciador de la etnomicología), del consumo del Soma, bebida enteógena elaborada con el hongo seco de la Amanita Muscaria. Pero de esto Adolf Hitler nada supo porque sólo formó parte de la esencia del mal, todo lo contrario de aquellos arios que, gracias a su bebida sagrada, transmitieron dicha experiencia trascendental a los posteriores Bráhamanes de aquellas tierras. Aquí podemos establecer una relación entre el consumo de algunas plantas, o sustancias enteógenas, para saber del Alma Universal a través de otro plano de percepción de la realidad. En antiguas culturas la relación del hombre y la naturaleza se establecía por el consumo de estas plantas, con poder para alterar la percepción hacia un estado superior de conciencia, hacia el mundo espiritual que está más allá de la realidad ordinaria. La Amanita Muscaria para los Arios; el Cornezuelo en los Misterios Eleusinos y para las adivinas del Santuario de Delfos; una variedad de Hongos Psicoactivos en muchos lugares del planeta; el Peyote para algunas culturas prehispánicas, en lo que hoy se conoce como México y en algunas naciones indígenas del sur de lo que hoy son los EEUU; la Ayahuasca en Perú, Brasil y zonas selváticas de Suramérica; la Ipomea Violácea en muchos lugares de Latinoamérica; la Virola y el Yopo en zonas selváticas de Suramérica; distintos tipos de Solanáceas en muchas partes del planeta; la Marihuana en varios continentes; y alguna más que me haya dejado en el tintero; plantas de la naturaleza consideradas drogas prohibidas por los infames gobiernos humanos, que tienen la potestad sobre lo que las personas pueden hacer o no con su cuerpo y mente, pues de la piel para adentro deberíamos ser nuestros dueños, y ningún gobierno del mundo ha de tener ese privilegio, ya seamos humanos o posthumanos, pues dicha trasgresión supone violar nuestra más primaria libertad. Vivimos, pues, bajo la tiranía de los gobiernos del mundo entero.


lunes, 22 de abril de 2013

10. Dios disfrazado de serpiente, Eva y la manzana




        Hasta ahora mostré mi guía mística y ya marqué los parámetros, y es el momento de retomar el humor y la ironía, porque los posthumanos sabemos apreciarlo como síntoma de felicidad, pues, como ya señalé anteriormente, vinimos a este mundo para ser felices, y sería de pendejos o de humanos desear lo contrario. De ahí los nuevos Diez Mandamientos que me dictó Dios, en aquel paseo por el monte cuando se me apareció como una zarza o rastrojo ardiente. ¿Por qué al inútil de Moisés y a mí se nos apareció por medio de una planta tan fea, pinchuda y envuelta en fuego destructor? ¿No sería acaso el mismo Diablo haciéndose pasar por Dios? ¿Cómo sabemos que la serpiente que sedujo a Eva no era Dios disfrazado de Diablo? ¿Debemos culpar a Eva, representante del género femenino, por ello? Me dan lástima las religiones con historias tan chafas para explicar de manera tan chafa una espiritualidad tan chafa, un Dios tan chafa. ¡Joder! ¡Otra vez de vueltas con la religión! ¿No me estaré volviendo loco? ¿De dónde tanta obsesión con lo escatológico? En su sentido más limpio, por supuesto, con pompas de jabón flotando por el aire y con un tiempo primaveral, con las ninfas desnudas que caminan por el Paraíso esperando recibir su ración de esperma entre las piernas. Eva, como ven, no se comió la manzana y Dios está jodido porque no tiene a quién amenazar y castigar, a quién castrar mentalmente para que no pueda ser feliz. ¿No será ese Dios del Viejo Testamento el mismo Diablo? ¿Por qué ese Dios nos ofreció esta mierda de mundo cuando pudo darnos el Paraíso? ¿Por qué le echó la culpa a Eva cuando él no fue capaz de hacerlo bien? ¿Ya comprenden la falsedad de ese Dios que, en realidad, es el mismo Diablo disfrazado de Dios y con un libro, presuntamente sagrado, para comerle el coco a los ignorantes homo sapiens? ¡Claro! Esto nosotros los posthumanos ya lo sabemos a la perfección: el engaño que suponen las religiones de los falsos dioses, aquéllas que tenían la patente y exclusividad sobre lo que concierne al espíritu, para, a través de sus multinacionales de la fe, dominar a los ignorantes homo sapiens. Ya se ha dicho alguna vez: “La religión es el opio del pueblo”, y cuanta más ignorancia, cuanto más misterioso y velado resulte todo lo que concierne a la divinidad, más dosis de inútil religión se necesitan. De nada vale adorar a las imágenes y hacer rezos inútiles, la ofrenda diaria se hace mediante el amor a los semejantes y el respeto a la naturaleza, sin intermediarios, porque así llevamos a Dios dentro de nosotros. ¡Qué se dejen de mamadas y de cuentos chinos y no tan chinos! ¡Viva Eva, su manzana, su vagina y sus radiantes pechos! Que Dios se disfrazó de serpiente para hacernos la vida imposible, para justificar el desastre de su gran obra: ese peligroso homo sapiens. Los hombres inventaron a Dios para dar respuesta a sus incógnitas existenciales, a un universo que no comprendían. Tenía que haber, por fuerza, un ser superior, un creador, e inventaron dioses mitológicos para explicar todo aquello para lo cual no había una respuesta. Primero asignaron un dios para cada fuerza de la naturaleza, y después, con el paso del tiempo y de las modas, llegaron al monoteísmo para fusionar religión y  Estado con la finalidad de dominar los cuerpos, las mentes y el espíritu de las personas. Eso es la religión, una gran mentira que la Real Academia Española define así: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.” Esta vez, en la RAE, parece que le atinaron…


miércoles, 17 de abril de 2013

9. La evolución del “homo sapiens” hacia el “homo concientis”




        Quizá lo escrito hasta ahora haya sido demasiado para sus cerebros humanos, pero quedo satisfecho si algunos de ustedes ya tomó conciencia de ser posthumano. Ésa ha sido mi intención. El homo sapiens, ese homínido no tan evolucionado como el homo concientis, aún dirige los destinos de este mundo, y también muchos de ellos forman parte en sus religiones fracasadas, las de los falsos Dioses de la idolatría y la violencia. Estamos jodidos, pues, con tantos homínidos atrasados en conciencia que pueblan este planeta. La evolución de una especie no se da de un día para otro, sucede de forma gradual, y no todos los individuos lo hacen al mismo tiempo. El humano vulgar, ese homo sapiens violento e ignorante, aún predomina en el Planeta Tierra. El posthumano tiene otros patrones de reflexión y conducta, además de la sabiduría que le aporta el ser poseedor del conocimiento espiritual, pero aún somos minoría: tenemos que aguantar a una masa gris de alienados por el poder, que suspiran por la materia y hacen de este mundo lo que es. La evolución, por tanto, es de conciencia, de conocimiento de la entidad espiritual como energía positiva.
        Esto se explica muy bien en la saga de La Guerra de las Galaxias (y no se rían, por favor, que esto es serio), con lo de la Fuerza y el Reverso Tenebroso, dos energías poderosas que se diferencian porque una representa al bien y la otra al mal, porque una se genera con el amor y la otra con la violencia. Así de simple es: una se conoce metafóricamente como Dios y la otra como Satanás, nada de un anciano con barbas blancas que creó el mundo, ni un ser de piel roja con cuernos y rabo, eso es mitología para ser consumida por los ignorantes. Dios es lo positivo, lo bueno, el amor; el Diablo todo lo contrario. Son los actos y comportamientos en la vida, cada cual elije su camino, de dónde formar parte: de la Fuerza o del Reverso Tenebroso. El posthumano, pues, es una especie de Jedai.
        Ya parece que este inútil se convirtió en un predicador cibernético. Piensen lo que quieran, me da lo mismo, yo tengo conciencia de ser posthumano. La diferencia es grande: estoy un eslabón más allá en la evolución... Chus Jerusalén era posthumano y por eso fue crucificado, mientras que Mahoma era un simple humano y por eso triunfó con su religión por medio de la guerra. La diferencia también es grande. Chus Jerusalén no tuvo la culpa de que otros tergiversaran su mensaje para convertirlo en mentira, y así, por esa causa, fue inútil su martirio por los asesinatos que cargaron a su espalda. Las distintas corrientes de la Filosofía Occidental analizan el mundo, pues parece que el espíritu, salvo excepciones, fue materia exclusiva para las religiones de los falsos Dioses, y aquí yo, un declarado inútil, se permite el lujo de hacer esta propuesta: ¿Vamos a cambiar el mundo de una puñetera vez?
        Sé de la inutilidad de hablar para otros más inútiles que yo. Soy inútil porque el sistema me hace ver como un inútil, no porque lo sea. Ante los humanos soy un inútil pero no ante los posthumanos. El homo concientis es peligroso para el homo sapiens porque no sirve para sus propósitos. Me declaro inútil cuando me dirijo a los simples humanos. Los que me entienden, quizá ya sean posthumanos y tan inútiles ante los demás como yo. ¿Me comprenden?
        Lo repito una vez más: “Los posthumanos, en el futuro, vivirán en paz con sus semejantes y respetando este hermoso Planeta Tierra.” Entonces, dejaré de ser un inútil… 


domingo, 14 de abril de 2013

8. Bienvenidos al Apocalipsis




        Por favor, sean bienvenidos. Pasen y tomen sus asientos, el espectáculo ya comenzó, su lugar está con todos nosotros. Este mundo se hunde y seremos espectadores, a través de los medios de comunicación, del mayor espectáculo jamás retransmitido: el ocaso de la Humanidad. Esto me remite a esos programas basura de la televisión, un reality show global del cual seremos testigos y a la vez protagonistas. Pero no debemos quejarnos, es una época trascendental para la evolución de nuestra especie, no todos tuvieron la oportunidad de asistir al Apocalipsis.
        El sistema capitalista, esa ilusión del materialismo, se desmorona, es la gran mentira de un dinero que nada vale porque se basa en deuda. Entonces, ¿cuál es el problema? Que impriman billetes verdes y los repartan para acabar con la pobreza, para que todos seamos ricos. Nuestros gobernantes, ni siquiera, tienen imaginación para eso. Los Estados Unidos de América, por ejemplo, se prestan a sí mismos un dinero que no tienen, que por tanto es deuda, y esa ficción, el entramado financiero del capitalismo mundial, nos lo venden como la única realidad mientras utilizamos y tratamos de acumular un dinero que no vale nada. Los bancos y entidades financieras se van a la quiebra, por falta de liquidez, y los gobiernos los rescatan inyectando un dinero que en teoría es de los ciudadanos. ¿No sería mejor dar ese dinero directamente a las personas, revertirlo en la sociedad? ¿Por qué dárselo a los ladrones que demostraron su incompetencia? Si el monto de los rescates bancarios recayera sobre la sociedad, sobre los amenazados de peder sus depósitos y ahorros, se activaría el consumo interno y así la economía, pero lamentablemente los poderosos continúan su juego en beneficio propio: ellos están arriba y necesitan al resto de la sociedad para explotarla de acuerdo a sus intereses, porque ellos son los dueños de ese dinero inexistente. He ahí el gran engaño del capitalismo; y entretanto, para mantener dicha ficción, el grueso de la sociedad tiene que ver recortados sus derechos civiles y pasar por mil calamidades.
        Una pregunta ahora se hace obligada: ¿Debemos creer en nuestros gobernantes? La respuesta es muy sencilla: Las democracias de hoy son regímenes totalitarios disfrazados de democracia, sistemas político-económicos que trabajan en beneficio de un grupo de especuladores y en menoscabo del conjunto de la sociedad. Eso no es democracia, es una farsa. Nuestros gobernantes, nuestra clase política, son especuladores de la nada, del crimen, de la miseria y la mentira. Así, no resulta extraño que este mundo se dirija directo hacia la distopía. El bien común no interesa a los poderosos porque la avaricia es su signo, y siguen jugando en los “casinos” con las primas de riesgo, las divisas y los paquetes accionariales de las empresas que no les importa arruinar. ¿Dónde está la democracia? No existe, es otra ficción. Así es su juego…
        No hay que ser demasiado inteligente, ni tener dotes paranormales, para avizorar lo que está en el horizonte: inestabilidad económica, descontento social, protestas multitudinarias, alzamientos, disturbios, revoluciones, golpes de estado, supresión de derechos civiles y conflictos armados. El sistema capitalista se hunde y la salida más lógica, para nuestros gobernantes, será la guerra: colocar el uniforme militar a los descontentos para que den la vida y defiendan una supuesta patria amenazada, cuando en realidad es una maniobra para quitarlos de en medio luchando por los intereses de una minoría, porque los ciudadanos están, en todo caso, para ser manipulados. El choque de civilizaciones es inevitable, las guerras entre Oriente y Occidente aderezadas con el caldo de cultivo de la enajenación religiosa musulmana, que en un proceso esquizofrénico sitúa la idea de un Dios, que ni siquiera comprende y quizá no exista, como la guía de su existencia. Enajenación tan similar a la de nuestros políticos que se pelean por dirigir el mundo enajenado que ellos mismos promueven, un mundo bajo amenaza, pues para ello fabricaron el armamento para el exterminio. Así están las cosas: los seres humanos son como borregos que esperan su turno en el matadero. De eso se trata el Apocalipsis.
        La esperanza está después de la derrota, el nacimiento del hombre posthumano que vivirá en paz y en armonía con sus semejantes en el Planeta Tierra. Mientras tanto sólo nos queda asistir al mayor espectáculo vivido por la Humanidad, su propio ocaso, como el grandilocuente reality show del mundo materialista que ambiciona la gran mayoría.
        ¡Pasen, pasen, siéntense, el espectáculo ya comenzó!


miércoles, 10 de abril de 2013

7. Aullido posthumano




        Y me trepo a lo más alto del árbol más alto de Weblandia para dar mi último aullido, como el de Allen Ginsberg pero anunciando a otra generación el final de los tiempos:

        “Yo escribo con balas de plata para ir directo a tu corazón, para dejar en él la impronta de mi fracaso. Yo soy la voz interior de un escritor, una voz que se escapó de un libro sin final, un libro infinito del cual ya me cansé, un libro que jamás se escribió; de ahí el origen de mi fracaso ante algo que es una idea inconclusa. Pero a pesar de todo estoy aquí, con este grito que será la expiación de todos mis pecados, sin olvidar, desde luego, que sólo soy una voz por ahora sin cuerpo. El alma sí la tengo, es esta energía que se manifiesta haciéndome escribir estas palabras de plata, tintura reflectante de mi realidad: La realidad de un fracasado.
        Tengo la sospecha de que tú vienes aquí como un voyeur, para saber qué se esconde detrás de esta voz, cuál es su esencia y si te puedes reconocer en ella. Pero yo sólo vengo a decirte verdades, porque las mentiras competen exclusivamente a la especie humana. Ése es tu fracaso, mucho peor que el mío; ésa es tu pérdida como ser humano. ¿Vas a hacer algo por cambiar la Historia? ¿Acaso no ves cómo anda el mundo que habéis creado? ¿No me digas que estás satisfecho? Lo mío no es nada en comparación con lo tuyo, y aquí estoy para escupir mis balas de plata en tu corazón, para que muera dentro de ti ese ser despreciable y así puedas cambiar tu conciencia.
        Y ahora, después de terminar de leer estas palabras, levántate del asiento, mírate en el espejo y comprobarás que no eres mejor que yo, esta voz que te habla, porque perteneces a la peor especie del Universo.
        Después de mirar en el espejo ni siquiera lograste contemplar tu alma, tan sólo un rostro de carne y hueso, un cuerpo mortal, no como esta voz que flota en el espacio y vivirá por siempre, porque es tan inmaterial como la esencia de un alma que no se esconde dentro de nadie. Quizá ya empieces a ver la luz que se cuela por una rendija, por la corteza abierta de tu piel, justo ahí por encima de tus cejas, en la frente; quizá ya sientas su calor, quizá ya alcances a entender algo de lo que te digo. Pero primero es necesario que te des cuenta de tu fracaso, de otra forma no podré hacer nada por ayudarte porque ya estarás muerto para la gloria. Así es, muerto para la gloria y muerto para todo, porque lo que te espera ni siquiera lo imaginas, está por encima de los límites de tu razón humana, algo que se esconde detrás de la cortina de este mundo material que tanto amas. No hay nada si no crees en ello, y se esfuma antes de que lo hubieras intentado. Hoy es un gran día, no pierdas la oportunidad de conocerte un poco más, de mirar en tu interior para tratar de ver aquello que perdiste antes de haber nacido.
        Ya te dije que estoy aquí para cambiar tu conciencia, para que dejes de ser como los demás, esa masa que puebla este planeta; para que cuando camines por las calles entre ellos sepas de tu diferencia, por tener en tu mente y en tus manos el poder para cambiar el mundo. Pero primero, ya sabes, tienes que empezar por dentro, por tus ideas y sensaciones, y así abandonar tu antigua manera engañosa de ver la realidad. Ya sé que no será fácil cambiar de un día para otro como por arte de magia, pero el tiempo, con su transcurso, te abrirá la visión clarividente del futuro; es el atributo que debes desarrollar, esa parte dormida: el arte de la intuición, el de sospechar saber qué pasará. Hasta los animales presienten la catástrofe cuando el humano no sabe ni lo que tiene bajo los pies, lo que se alza ante su vista más allá del horizonte, porque su visión es corta, demasiado corta.
        En la mano tienes la semilla; mírala e imagina el árbol que está dentro de ella. Busca más allá del tiempo presente y encontrarás todas las respuestas. Ése es el punto de antes del punto de partida. 
        Todos vienen a la vida para cumplir su designio. Algunos a hacer el amor y otros para matar. Tú tienes la capacidad de decidir tu destino, para dejar de pertenecer a la especie de los asesinos. Mira la Historia de la Humanidad y verás su fracaso. Guerras, guerras y más guerras; sometimiento, mentiras, ansias de poder y envidia. ¿No te diste cuenta? El largo camino que se buscó ya llega a su final, y tú estás ahí, en medio de todo mirando sin hacer nada, con los brazos cruzados como una gran mayoría complacida ante semejante realidad. Por esa razón, ahora tienes que quitarte la marca de la frente, la marca del asesino que tienen programado para ti.
        Todavía continúas sumido en esa oscuridad que te imprimieron, de la confusa especulación de los corazones de hielo a los que nada importa, de algo tan evidente que hiere a la inteligencia, que se acepta como un acto natural; y así están todos satisfechos ante ese algo que se cree no tiene solución. Es la complacencia inútil de los inútiles, es, a fin de cuentas, la esencia mezquina del humano.
        Tengo balas de plata. Tengo balas de plata para tu corazón…
        Si quieres que te diga la verdad, no creo que todavía hayas sido capaz de cambiar. ¿Y qué han hecho mientras tanto los dirigentes de las naciones de este planeta? ¿Planear la próxima guerra? ¿Seguir construyendo armas? ¿Seguir engañando a quienes gobiernan? Ellos no pierden el tiempo para alienarte, no lo olvides, juegan con ventaja sobre ti. Sólo espero que cuando comience la próxima guerra, la definitiva, no acudas en defensa de ninguna patria, porque tu patria está en ese corazón que no paro de atravesar con mis balas de plata. Tú no naciste para matar a tus semejantes, tú naciste, simplemente, para amar. Rechaza la guadaña que te será entregada, y no pierdas la poca dignidad que como humano te queda.
        No pienses ahora que ésta es la voz de un profeta, porque no lo soy; sólo soy, en parte, tu conciencia perdida, ésa que te robaron antes de nacer todos tus antepasados y los antepasados de todos tus antepasados, los que construyeron este mundo de mierda, esta incivilización heredada por los que no fueron capaces de cambiar nada. Ellos, desde luego, no son como tú y como esta voz que te habla.
        Recuérdalo siempre: Tú no eres ni serás un asesino.
        Si ya crees fervientemente en ello ya dejaste de ser humano, ahora eres posthumano. Pero la cuestión no es tan fácil como parece por el simple hecho de haber decidido no ser un asesino y no formar parte del ejército que luchará en la guerra que se avecina. Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta de que perteneces a una minoría? Los posthumanos son muy pocos en comparación con aquéllos que elegirán la violencia, los que defenderán la patria de los impostores, los que lucharán por el dominio del planeta. Ahora eres un infiltrado, un cáncer para esa sociedad a la cual ya no perteneces por escapar del troquel de su alienación, por no pensar como todos y no seguir caminando por la raya que te marcan. De ello tienes que estar orgulloso, es un gran logro, no lo dudes, ya no eres un mediocre al servicio del poder.
        Busca, busca y encontrarás; la huella está entre los pedregales de un camino difícil, casi imperceptible para los ignorantes; la hallarás si escuchas con atención el impacto de estas balas de plata en tu corazón. Entonces comenzará tu lucha, la definitiva y verdadera.
        Esta Humanidad ha fracasado y camina hacia el ocaso. Las naciones están gobernadas por el poder del dinero, y sus ciudadanos en nada les importan. Este planteamiento no es subversivo, es la realidad. Te repito: mira hacia atrás y contempla la Historia. No habéis logrado nada y vuestro mundo va directo hacia la distopía, ahí es donde os llevan vuestros dirigentes. Sois, para ellos, un número nada más, una pieza dentro de un mecanismo productivo para llenar sus bolsillos. Y mandarán a sus gobernados como animales al matadero para luchar por su dinero, piezas de un macabro juego que ya están planeando. Al llegar ese momento debes saber rechazarlo, alejarte ahora en tus pensamientos y convicciones. La mentira y la coacción es su ideología, con ella someten a la Humanidad, y tú no serás cómplice de semejante engaño ni marioneta de nadie. Corta los hilos, corta los hilos…
        Balas de plata, balas de plata para tu corazón; eso es lo que yo te entrego.
        Sé que corremos peligro por pensar diferente, por creer en el amor y en la paz, esos valores que ahora son subversivos para ellos. ¿Cómo puedes creer en tus dirigentes cuando hacen la guerra, cuando desvirtuaron la verdad, cuando su moneda es la violencia? Muchos mueren de hambre y enfermedades mientras ellos siguen fabricando armas para el exterminio. Ya se ha dicho muchas veces: El hombre es el lobo del hombre.
        ¿Ves? Tú ya no eres así. Prométeme que no matarás a tus semejantes, que no serás como ellos. Ésta es la única vida que tienes para abrir la puerta, no pierdas la oportunidad de ver la luz que allí te espera. Nada es comparable con la dicha de saberse limpio, para encontrar la vida que se esconde detrás de su término. Ahí es donde inicia la conciencia ilimitada de la que ya estás formando parte. Tú vivirás por siempre, no lo olvides, en el recuerdo de esta Humanidad vencida y en los espacios infinitos de un lugar que está por encima del tiempo.
        Mira las estrellas en una noche despejada y comprobarás la grandiosidad del Cosmos. ¿Cuánto hace que no las mirabas? Ya se perdió el contacto con la Obra de la Creación, con una naturaleza cada vez más cercana a su exterminio. Al menos la mano del hombre no llega a los astros para mancillarlos como hacen con su planeta. La Humanidad es mucho peor que una plaga de ratas en un hospital, que una guardería infantil repleta de cucarachas. El humano destruye su planeta día a día en aras de una prosperidad difusa, y nada le importa, la agresión continuará sin cesar hasta acabar con todo. ¡Qué más dará la herencia para sus descendientes! El hoy es lo único que importa mientras pisotean lo que encuentran a su paso. Crean leyes y más leyes, cuando transgreden las fundamentales, las impuestas por un juicio que escapa de su cognición.
        Los humanos, como ves, sólo pueden apreciar el presente y siempre aferrados a la materia, a esos papeles de colores con los que pueden pagar todos sus caprichos, por los que incluso son capaces de matar. Amasar grandes cantidades de dinero es lo primordial, la ambición de una mayoría. ¡Qué poco vale la vida! ¡Esos papeles de colores son más valiosos que el llanto de un niño cuando muere de hambre!
        Tú, al menos, ya no eres como ellos, eres posthumano. La diferencia es grande porque ya no perteneces a la especie más depredadora del Universo, la especie de los asesinos, los que matan a sus semejantes, los que pretenden acabar con la vida en su planeta. Ellos todavía no te reconocen porque exteriormente te perciben igual. Eres ahora un extraño en su mundo infame, esperando el momento de la redención. Tú lucharás por establecer las bases de un mundo diferente.
        Los posthumanos algún día poblarán este planeta, ellos resurgirán de las cenizas de una civilización perdida y después de aprender la lección más dura y ante el ejemplo de la barbarie sucedida: de ríos de sangre, pestilencias y destrucción.
        Los que hacen de este mundo lo que es, tienen el mismo valor que una mierda de perro pegada en la suela de tu zapato, porque ellos jamás verán la luz. Qué rían y disfruten mientras puedan, pues su tiempo es corto, tanto como el suspiro de quien encuentra la inmortalidad después de la muerte. ¿Qué sentido tendría la vida? Yo te digo que detrás de tu existencia material hay mucho más, pues de allí proviene esta voz que te habla. Ya te advertí que yo no miento, pues la mentira es un atributo de la especie humana. Algún día te darás cuenta de todo esto y lo verás tan claro para no ser capaz de dar macha atrás.
        Esta voz vino a buscarte desde muy lejos, desde más allá de las estrellas, y todo para convencerte de que eres especial. Tienes el poder que yo te entrego, al menos para discernir el engaño que inunda este planeta. Es el presente lo que engendra el futuro, y cuando la semilla no es buena es imposible que el árbol y el fruto lo sean. Yo te enseñaré el árbol de la vida y de la muerte, la semilla ya la conoces. Mi mayor secreto ya fue develado. Piensa lo que quieras, da mil vueltas a esa idea y saca una conclusión. Es difícil de comprender, pues todo está y no está por escapar de una ley que compete a la materia. Es mucho más de lo que es y mucho menos que nada, pero siempre permanece por encima de todo, dentro y fuera de su energía inmaterial. Es como un pensamiento, como esta voz… ¿la vas a medir?, ¿osarías pesarla en una balanza? Entonces, ni siquiera te plantees dilucidar algo que está fuera de tu alcance. Todo es secreto cuando nada se comprende, no hay duda que se pueda esclarecer, no hay respuesta ante lo desconocido, y sólo debes creer a pesar de ese vacío. La vida es un laberinto con dos salidas: una hacia la oscuridad y otra hacia la luz. Es fácil de identificar los senderos, saber cuál de ellos debes seguir.
        El ocaso de la Humanidad ya se acerca, y yo sólo tengo balas de plata para ti.”


lunes, 8 de abril de 2013

6. El origen y la decisión




        Hay un día trascendental en mi vida, que fue definitivo para dar un nuevo rumbo a mi existencia. ¿Qué estaban haciendo ustedes el 25 de agosto de 1993? Seguramente no lo saben, pero yo no soy tan inútil cómo para olvidarlo, entre otras cosas porque guardo un boleto de tren desde México DF a Estación Catorce. Me bajé de un avión que venía de España, para tomar un tren y después subirme a un avión de las Líneas Aéreas Peyoteras de Wirikuta... El día 24 me hospedé en Estación Catorce, junto con mi amigo Miguel, en una habitación que nos ofreció Mama Saba, un rústico cuarto con suelo de tierra, colchones viejos y una bombilla que colgaba de un cable retorcido. No muy lejos, en la noche, el desierto nos esperaba para el día siguiente, un chaparral de gobernadora, allí donde crece el peyote. Por la mañana temprano, después de desayunar unos huevos con frijoles y tortillas de maíz, nos trepamos a un tren en marcha para saltar más adelante en Estación Wadley, la número 13. Desde ahí tomamos un camino de tierra blanca en dirección a las Ánimas, al mismo lugar sagrado de Wirikuta. Después de cuatro horas encontramos, a ras de suelo, junto a los tallos de las gobernadoras, ese cacto de sabor amargo conocido como peyote. Me comí un par, con un poco de mermelada de fresa, y transcurrida una hora despegué hacia otra dimensión, un nivel superior de conciencia, de tal modo que las plantas, las montañas, el cielo y toda la naturaleza me hablaban diciendo: “Estamos vivos como tú y compartimos la misma esencia, esta energía, este Alma Universal que palpita en toda la Creación.” Yo era Uno con todo lo creado, en armonía con la naturaleza, y en ese instante comprendí, porque lo vi con mis propios ojos, lo que es Dios; pero no el falso Dios que venden el Catolicismo o el Islam, sino el Dios verdadero: “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”, lo cual es cierto porque el hombre tiene un Alma, que es su parte divina si él lo desea, a semejanza de ese Alma Universal que impregnaba todo lo que permanecía ante mí. Ya lo dijo Chus Jerusalén: “El reino de mi Padre no es de este mundo”, porque sin duda se refería a que es de carácter espiritual y ajeno a la materia. Ése es el concepto de Brahma de los Upanisads, libros sagrados de cierta mística hinduista, del siglo VII antes de Cristo y escritos en sánscrito, donde se explica “Qué es Dios”, eso que yo vi con mis propios ojos… Dios es estar en armonía con la naturaleza, respetar a tus semejantes, a la Obra de la Creación, justo lo contrario de lo que hacen la mayoría de los seres humanos. Esto, Friedrich Hölderlin nos lo explica en Hiperión con estas palabras:

        “Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías, ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes… ¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo. En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera radical de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde creía y florecía, y me agosto al sol del mediodía… Y a menudo, cuando yacía tendido entre las flores y tomaba el sol en la tierna luz de la primavera, y miraba hacia arriba, al azul sereno que envolvía la tierra calida, cuando me sentaba bajo los olmos y los sauces, en el seno del monte, tras una lluvia refrescante, cuando las ramas se estremecían aun de sus contactos con el cielo y sobre el bosque empapado corrían nubes doradas, o cuando el lucero vespertino, lleno de espíritu de paz, se alzaba junto con los antiguos adolescentes, los restantes héroes del cielo, y yo veía así cómo la vida seguía agitándose en ellos en eterno orden sin esfuerzo a través de Éter, y la calma del mundo me abrazaba y alegraba de tal forma que prestaba atención y escuchaba sin saber qué me sucedía... ¿Me amas, buen padre que estas en los cielos?, preguntaba yo entonces en voz baja, y sentía su respuesta tan segura y feliz en el corazón.”

        Y para continuar explicando que es eso del Alma Universa, Esencia Divina, Dios o como lo quieran llamar, me formulo la siguiente pregunta: “¿Qué es el pensamiento, cuál su esencia?”
        El pensamiento ahí está, existe, pero no se puede explicar de acuerdo a las leyes de la materia por ser una forma de energía inmaterial. Ahora que se descubrió el Bosón de Higgs, partícula subatómica elemental para la formación de la materia, debemos pensar o imaginar que más allá de esa partícula hay otra más pequeña capaz de crear la energía inmaterial, pero a la vez consciente, como podría ser el pensamiento o el mismo Dios, y que, mediante la física y las matemáticas, algún día pueda ser enunciada por una ecuación. ¿No creen que esto sea posible? Tiempo al tiempo… En ese momento se acabarán las farsas enajenadoras de las actuales religiones, en especial las monoteístas, que son capaces de provocar esquizofrenias colectivas.
        Y también ese día, el 25 de agosto de 1993, decidí darle un nuevo rumbo a mi vida, y así me propuse luchar por mis sueños, porque esta vida es única y no podía desperdiciarla no haciendo aquello para lo cual nací. Ya no sería un número, un hombre gris y útil para los poderosos que hacen de este mundo la mierda que es. Ellos son los que están equivocados y no tienen el derecho de guiarnos hacia el callejón sin salida, que supone la adoración desmedida de la materia. La violencia y la avaricia es su signo, y lo llevan marcado en la frente con el 666. El homo sapiens debe evolucionar hacia el homo concientis, convertirse en posthumano, porque los posthumanos vivirán en el mundo renovado tras el ocaso y posterior renacer de esta Humanidad fallida. Si miran hacia atrás, en nuestra despreciable historia, verán que el hombre ha sido el lobo del hombre, desde el canibalismo, los sacrificios humanos al Sol, la esclavitud, la violencia y la guerra, guerras, guerras y más guerras: el humano siempre enfrentado consigo mismo. ¿Debemos creer y luchar por un mundo mejor? Los inútiles como yo, sí.
        No puedo más que ofrecer estos pensamientos porque estamos, y así lo creo, en el inicio del Apocalipsis, y por ello es necesario expandir las conciencias: ustedes, simples humanos, han de evolucionar para convertirse en posthumanos, para tener conciencia de la Esencia Divina y del destino final de la evolución: el logro de la Utopía, todo lo contrario del estado adonde nos conducen los que dicen ser los depositarios del orden y la legalidad. No sean útiles para ellos, no sigan su juego, no sean un número más, una ficha en el tablero de su juego… ¿Debemos creer a nuestros gobernantes cuando nos conducen hacia la Distopía?
        Este inútil abre conciencias, como otros latas de Coca-Cola…


viernes, 5 de abril de 2013

5. Las nuevas Tablas de la Ley



    
        Ayer agarré la mochila y me dirigí al monte, hacia un cerro a las afueras de mi ciudad. El clima era agradable y pensé que sería bueno ejercitar las piernas y respirar el aire puro. Ya casi llegando a lo alto del cerro pude ver una zarza que ardía sin quemarse, y, de pronto, ésta me habló: “Hola inútil, yo soy Dios el Todopoderoso, aquel inútil que, como tú bien dices, no supe hacerlo bien y creé a una especie humana que día a día destroza el maravilloso Planeta Tierra… Para revertir este gran error hace siglos le dicté a otro inútil, llamado Moisés, los Diez Mandamientos, que esculpió en una piedra conocida como las Tablas de la Ley. Más tarde el inútil de Moisés, en un acto de reprobable e incontenible ira, rompió los mandamientos divinos esculpidos en piedra contra el Becerro de Oro, así que, ante tal contrariedad, le ordené esculpir de nuevo mis mandamientos. De las segundas Tablas de la Ley nada se sabe, algo que mi pueblo debería haber conservado con esmero, pero lo cierto es que mis instrucciones no fueron cumplidas, porque la Humanidad aún continúa adorando al Becerro de Oro mediante la avaricia, la usura, el mercantilismo y la especulación, y por tal desobediencia el mundo está como está. Yo, Dios de todo el Universo, soy un fracasado y un inútil por haber creado, según dicen a mi imagen y semejanza, a un ser tan abominable y peligroso como el humano. Pero ahora, a ti, que también eres un verdadero inútil y así lo reconoces, te dictaré los nuevos Diez Mandamientos, que deberás aprender de memoria para no tener la oportunidad de volver a romper y luego extraviarlos… Ahí van mis nuevos mandamientos:

PRIMERO: Nunca trabajarás para ser un alienado al servicio del poder y de sus intereses, y serás no útil para ellos.
SEGUNDO: Por encima de todo está la Libertad, y después la Justicia y  la Igualdad.
TERCERO: Amarás a tus semejantes.
CUARTO: Rechazarás la violencia.
QUINTO: No caerás en la avaricia y en la usura.
SEXTO: El objetivo de esta vida es la consecución de la felicidad.
SÉPTIMO: ¡A coger, follar o hacer el amor se dijo!
OCTAVO: Te fumarás un churro de marihuana de vez en cuando.
NOVENO: Todos los días serán fiestas de guardar.
DÉCIMO: Serás por siempre un verdadero inútil.

        Y luego, Dios me dijo: “Anda, ves a llevarle la buena nueva a mi rebaño y escribe mis nuevos mandamientos aunque sea en un blog.”
        Y así, después de bajar del cerro, les transmito la Palabra de Dios según salió de esa zarza ardiente y tal como la recuerdo. Juro que no les miento, que Dios me señaló con su dedo para transmitirles su mensaje. Yo no pretendo ningún protagonismo, ni siquiera extender el mensaje divino, así como lo hizo Mahoma, por medio de la violencia, con asesinatos, ejércitos y guerras, ni como el Catolicismo con la represión, la tortura, la muerte y el engaño. La religiones son el alimento de los ignorantes, lo que importa, de verdad, es estar en armonía con todo lo creado, pues el templo de Dios está en la Naturaleza, en el Planeta Tierra y en el Universo. Ése es el verdadero mensaje, porque también me lo anunció esa zarza ardiente.
        Así, no más, me voy a cumplir el séptimo mandamiento.
        Sean felices…


miércoles, 3 de abril de 2013

4. De maldiciones y fracasos


        
        
        Mi madre, una vez me dijo: “Eres como el ungüento amarillo, que vale para todo pero no cura nada.” Este tipo de sentencias, según Alejandro Jodorowsky, son como maldiciones que se hacen realidad, y mi madre, a lo largo de mi vida, siempre ha criticado mis decisiones en sentido negativo, o sea, que tuve que echar para adelante con esa carga sobre el consciente y subconsciente, y quizá, por tal efecto, he fracasado en casi todos los proyectos importantes de mi vida, sin dejar de tener en cuenta, por supuesto, que soy un verdadero inútil: no terminé las dos carreras universitarias que empecé (una la dejé en el primer año y la otra en el cuarto); no logré subsistir como artista visual; fracasé en mi matrimonio y no me dejaron ejercer como padre. He fracasado en casi todo y así lo siento, y quizá este blog, en el que me reivindico como un inútil total, sea el acto mágico o antídoto para eludir cualquier anatema que pese sobre mí. En este punto podría decir que hay muchos más fracasados que yo, millones y millones, en el pasado, presente y futuro, pero hay otra sentencia que dice: “Mal de muchos, consuelo de tontos”, pues con ser un inútil ya tengo suficiente. De cualquier modo, a pesar de no haber tenido una infancia feliz, lo he pasado bien con las mujeres de mi vida y sin ellas, y durante el tiempo que trabajé con un horario de oficina y ahora que estoy incapacitado para ello. La Literatura, a final, ha sido mi salvación para eludir o amortiguar los momentos difíciles, alguno de ellos, he de reconocer, demasiado severo, pero en el cumplimiento de los oráculos baso mi esperanza, además del esfuerzo de no perder de vista el horizonte.
        Debido a todos los fracasos anteriores soy un inútil, pero tengo cierto orgullo de no ser útil para quienes gobiernan las naciones e imponen su “sistema” de falsa justicia y dudosa legalidad: soy amante de la Libertad. Para mi madre, igual que para la gran mayoría en esta civilización materialista y supermoderna, no tienes éxito si no te forras de dinero, cuando lo importante, creo yo, es ser feliz haciendo lo que te gusta, aunque ese dinero deseado por todos sea necesario para el sustento de este cuerpo posthumano. Por tanto, el equilibro es ineludible para alguien que no alcanza su horizonte. Aun así, parece que todo sucedió para que ahora haga lo que hago y escriba lo que escribo, como si una fuerza superior, llamada destino, lo dictara.
        Hoy parece que me he sincerado bastante con ustedes, Franz Kafka también lo hacía en sus cartas y de manera metafórica con sus relatos y novelas, otro inútil como yo ese judío nacido en Praga, que fracasó en casi todo a lo largo de su vida: soportar la opresión del entorno familiar; un trabajo no deseado; los fracasos sentimentales; el no reconocimiento en vida de su obra; la enfermedad y la muerte prematura. Franz Kafka, un fracasado en vida, es el mejor escritor del siglo XX (lo afirmo yo y también Roberto Bolaño –otro que pasó las de Caín–).
        Después de esta confesión, puedo asegurarles que al menos tengo el orgullo y el gozo de luchar por mis sueños, pero del origen, el de trabajar por aquello en lo que creo, les contaré más adelante. 


lunes, 1 de abril de 2013

3. La inutilidad de la Filosofía Occidental




        Hoy me levanté a eso de las 10 a.m. Es la hora que acostumbro por estas fechas, aunque el horario se me desfasa los fines de semana, concretamente el sábado por la noche cuando salgo a vagar por los bares como un vampiro ya caduco que se mete en la cama con los primeros rayos del sol. Soy tan inútil, estoy tan mal diseñado, que me cuesta conciliar el sueño y he de tomar pastillas: un cóctel naturista que produce cierta somnolencia, mezcla no tan eficaz que me lleva a un dormir ligero. Por esta simple razón estoy incapacitado para tener un trabajo con horarios y fuera de casa, pues no duermo por la ansiedad de sólo poner el reloj despertador y pensar que he de levantarme a una hora determinada. Sin embargo, dormir ligero o intranquilo tiene sus ventajas pues te acuerdas de los sueños, que yo los tengo muchos y variados. Durante un tiempo tuve la habilidad de estar consciente dentro de ellos, y así hacer lo que quisiese o evadir lo malo diciendo: “No pasa nada, esto es un sueño”; pero no sé por qué razón, de repente, perdí dicha habilidad. También, durante un tiempo, puede volar en sueños suspendido a unos metros sobre el suelo, pues si lo hacía demasiado alto me asaltaba el miedo de precipitarme hacia el vacío, aunque algunas veces volé muy alto si temor alguno. Pero de los sueños los mejores son los eróticos o sexuales, será porque siempre me toca con auténticas bellezas. En el plano real, con las mujeres, tuve tiempos muy buenos, excelentes, de auténtico galán, pero de pronto me llegó la crisis cuando las de veinte dejaron de mirarme, porque mis gustos hasta hoy van por ahí, debe ser porque en la cabeza aún tengo veintitrés, pues las maduras en buenas condiciones escasean. Aunque en realidad no soy una buena opción para ellas porque la mayoría, que por lo general son bastante interesadas, prefieren hombres exitosos, con futuro, y yo, no hay que olvidarlo, soy un verdadero inútil.
        Ya parece que estoy en el diván de un psicoanalista, mostrando algunas facetas privadas de mi vida y pensamientos existenciales. Esto no creo que sea tan malo, pues ya los filósofos, en su mayoría más inútiles que yo, se dedicaron a pensar sobre la vida, el mundo, la existencia e incluso Dios, para no llegar a ninguna parte. Y esto viene al caso porque el otro día asistí a una conferencia en la que se hablaba, supuestamente, de la novela Los caminos de la libertad, porque el conferenciante, un condecorado académico como Doctor y Catedrático en Filosofía, se consagró a explicar nociones existencialistas en vez de hablar de la citada novela de Jean-Paul Sastre, y en esa tarea se fue a los antecedentes filosóficos del muy famoso Martin Heidegger, el cual aseguraba que el hombre era consciente de su existencia porque sabía que la vida tiene un principio y un final, o sea, que cada uno de nosotros sabemos que hemos de morir, y ante tal evento nos surge la necesidad de apreciarnos como seres individuales ante todos los instantes de nuestra vida, y que eso nos diferencia de los animales “porque ellos no tienen conciencia de que han de morir”. ¡Toma ya! Vaya pendejada llegó a concluir el tal Martin Heidegger, para que luego como papagayos innumerables profesores, doctores y catedráticos en filosofía, lo vayan repitiendo hasta el empacho, frente a sus alumnos, como si tal conclusión supusiese unos de los grandes logros del pensamiento humano. Para darse cuenta del error sólo hay que observar el comportamiento de muchos animales, que por otra parte son más nobles que los humanos, ante la inminente llegada de la muerte: los cerdos en el matadero chillan de terror cuando saben que los van a matar, y hasta las cucarachas huyen al presentir la cercanía de un humano para no morir de un pisotón o envenenadas por una nube insecticida. ¿Qué lo animales no tienen conciencia de la muerte? ¿Acaso Heidegger sabía, y todos los profesores, doctores y catedráticos de Filosofía Occidental saben cómo sienten los animales o afrontan su existencia? ¿Acaso entienden cómo perciben la realidad? Muchos de ellos, esos animales que aniquilan día a día los llamados humanos, quizá piensen mucho más y mejor que quienes acaban con su vida. Un perro, un caballo, un asno y cualquier animal, saben que crecen y se desarrollan, y al envejecer también saben que les llega la hora de su muerte: se aprecia en la mirada de los perros ancianos y hasta en el comportamiento de los pajarillos que mueren de pena, para que luego nos venga Martin Heidegger, y toda una secuela de filósofos más inútiles que yo, con un cuento que sólo se creen los tontos.
        En occidente se cree que la filosofía propia es uno de los grandes logros del pensamiento, cuando no han hecho nada más que dar vueltas a las ideas, mediante la retórica (en su sentido peyorativo, por supuesto), para explicar inútilmente el mundo de las maneras más diversas: jugar con la ideas para nada, eso es la Filosofía. Me quedo mejor con la sabiduría y consejos del libro milenario del I Ching, con los razonamientos de Fu-Hi y del Rey Wan, más los posteriores comentarios de Confucio para explicar el mundo, la existencia y la vida, por medio de la mutación entre las energías polares, entre el Yin y el Yang. En Occidente se miran filosóficamente al ombligo, cuando en otras partes de este planeta ya descubrieron, hace muchísimos siglos, los secretos de la existencia e incluso de la esencia de Dios (y aquí no me refiero, por supuesto, al retroceso intelectual y místico que suponen el Islam o el Catolicismo).
        Hoy, por lo visto, quizá sea un buen día para consultar al oráculo…


viernes, 29 de marzo de 2013

2. Marihuana como sacramento




        No sé exactamente que pasó aquel Viernes Santo. Según cuenta la leyenda, Chus Jerusalén fue crucificado en lo alto de un monte. No hay pruebas fidedignas de aquel acontecimiento, quizá miles de astillas de la cruz donde supuestamente fue martirizado (como para construir un navío mercante o un portaaviones) y un enigmático e irreproducible Santo Sudario que se conserva en Turín. Pero gracias a dicha leyenda, que se convirtió en toda una religión, las calles de mi ciudad son recorridas por miles de lugareños y turistas que aprovechan tan memorables fechas para vacacionar. Y yo, con tan buen ambiente, también aproveché la ocasión para salir a bailar el jueves por la noche, pero de ese evento por ahora no puedo contar nada porque hoy es jueves por la tarde y yo escribo como si ya estuviera instalado en el Viernes Santo. Así es como viajo al futuro, sin máquinas y sin fumarme el churro de marihuana que acostumbro.
       El verbo “vacacionar”, ya admitido por la Real Academia Española, proviene del sustantivo “vacaciones”, y, en tal evolución sustantivo-verbal, una ex novia japonesa me decía: “¡Vámonos a fiestar!” Espero que algún día la Real Academia Española legalice el verbo “fiestar”, así como todos los gobiernos del mundo el cultivo y consumo de marihuana, porque me parece un verdadero “ecocidio” (palabra aún no reconocida por la Real Academia Española) ver en la televisión a los soldados mexicanos arrancar las matas de tan preciada planta, elegante y de tan buen aroma, condenada por los gobiernos del mundo a la extinción.
        Yo soy un verdadero inútil, pero, por lo visto, los que gobiernan este mundo lo son todavía más. Así andan las cosas…
        Probablemente este mundo sería mejor si Chus Jerusalén hubiera fumado marihuana, pues según dijo Bob Marley, ese otro profeta, fumar marihuana eleva; pero el tal Chus Jerusalén bebía vino, hasta el punto de convertir el agua en líquido dionisiaco, y así el vino se convirtió en el sacramento del Cristianismo, y el alcohol por tal circunstancia, siendo una droga de las más adictivas y peligrosas, está legalizada en la civilización occidental y allí donde ésta mantiene su influencia. Incluso así, por ser de origen español, me gusta ver una botella de tintorro sobre la mesa a la hora de la comida con el pertinente churro de postre entre los labios, por eso de la herencia mora de los que estuvieron allí durante ocho siglos.
        Del bailongo del jueves por la noche espero, como siempre, lo mejor. Hay una luna crecida en lo alto del cielo para iluminar mi camino hacia los bares. Allí bailaré como siempre, con el ánimo encendido, porque este inútil aún tiene veintitrés años en la cabeza, es eso de no admitir el paso del tiempo como el que está instalado en una eterna juventud. Mi mujer de derecho, pero no de hecho, que anda por allí en las antípodas terrenales, hace unos meses me decía: “El que no acepta que envejece está destinado a sufrir.” Eso es, precisamente, lo que se conoce como la crisis de los cuarenta, de los cincuenta, y supongo que la de los sesenta, setenta y ochenta, aunque a esas alturas de la vida hay que tenerlo claro y no pensar que tienes veintitrés. ¡Cómo cambia la perspectiva existencial con el paso de los años!
        Si son jóvenes, aprovechen, no sean más inútiles que yo…


jueves, 28 de marzo de 2013

1. El gran inútil




        Sí, ya lo sé, soy un inútil, lo tengo comprobado. En esta vida he aprendido a base de tropezar, para después hacerlo no bien del todo. Así soy, la naturaleza no se lució conmigo. Podía haber sido más inteligente, más talentoso, pero el destino me lo negó. He de reconocer, sin embargo, que los momentos buenos fueron gloriosos: de protagonista principal de la película, no me puedo quejar, más cuando llevo dieciséis años levantándome a la hora que quiero y acostándome cuando me da la gana. Eso, sin lugar a dudas, es un gran logro, podríamos llamarlo suerte, pero tal gracia no quita para que no deje de ser un inútil.
        Soy un poco torpe para ganar dinero como lo hacen los políticos y grandes empresarios; no sé me da. A veces tuve que trabajar para ganarme el pan, comprar la ropa y demás necesidades que acostumbran los humanos para subsistir. No queda de otra. Pero la culpa no es mía, es, más bien, de ese otro gran inútil que llaman Dios, mucho más inútil que yo por haber creado, según afirman algunos, a un ser humano con un aparato digestivo destinado a descomponer sustancias orgánicas y proveer de energía a un cuerpo que ha de vivir, sustancias que luego excretará de forma maloliente. Yo, de ser Dios, hubiera creado al hombre sin aparato digestivo para que viviera de tomar el sol y respirar; y en el peor de los casos, de haberle provisto de estómago e intestinos, por lo menos hubiera tenido el detalle de que esos alimentos, una vez procesados, olieran a flores perfumadas. Estas son cuestiones doblemente escatológicas, si nos atenemos a los más amplios significados de dicha palabra. Y es que el hombre, como bien señala Emile Cioran, es una gran falla de la naturaleza, un inadaptado en este Planeta Tierra, que, además de procurar su aliento, ha de vestir su cuerpo, conseguir un techo y calentar o refrescar ese hogar, según sea el clima, cuando el resto de los animales de este planeta se adaptan a su medio sin tantas necesidades y cuando, tan siquiera, han de limpiarse después de soltar al aire sustancias tan malolientes: están diseñados escatológicamente mucho mejor que los humanos. Pero eso no es todo, ahí no queda la cosa, porque los humanos, además de matarse entre ellos, día a día destrozan y degradan Planeta Tierra como si de una plaga o un virus se tratara (eso ya lo dijo Emile Cioran).
        Ante lo expuesto a supralíneas (así dicen los abogados), no me queda más remedio que declararme como Posthumano: estoy un eslabón más allá en la evolución de la especie humana, de esa gran obra de Dios (además cuando cago huele a flores, pero tal gracia no quita, repito, para que no deje de ser un inútil).